Remodelando la casa

Hola hola, cómo están?


Si me seguís en mis redes sociales, viste que durante el mes de junio tuve un pequeño gran desorden en mi casa, porque estábamos remodelando.


Como ya les he contado, este año cumplo 4 años de casada y 4 años de vivir en esta maravillosa casa que desde el principio me ha llenado de mucha ilusión.




Ya que tuvimos la oportunidad de participar en el proceso de construcción, con el diseño de los planos, compra de materiales y básicamente estar metidos en la obra todos los días, y más para atrás, desde andar haciendo vueltas para buscar un préstamo hasta chapear, quemar y limpiar el lote, para empezar a construir.


Ha sido un proceso a veces muy cansado y angustiante cuando algo no sale bien, pero no me quejo, me siento afortunada de tener casita propia y de que mi esposo y yo tengamos un lugar que sintamos como propio desde antes del día 1.


Como les conté en el video pasado, que si no lo han visto aquí les dejo el enlace para que vayan a verlo, Chris y yo sin querer y sin planear ambos adoptamos una filosofía de vida de no comprar cosas hasta que no tengamos el presupuesto suficiente para hacerlas, lo que se traduce en que a nuestra casa le faltan un montón de cosas para terminarla, pero no importa, cada cosita que hacemos o compramos para mejorarla, se ha convertido en un gotero constante de felicidad y eso, me gusta.


Y bueno, como parte de lo que siempre quiero compartirles es una vida real, hoy quiero enseñarles un poquito de los trabajos que estuvimos realizando este mes.



Primero empezamos por hacer la casa más segura, gracias a Dios donde yo vivo es una zona que considero normal, pero como casi todos los lugares, tiene uno que otro lugar medio feito cerca, además de que, pues sea como sea toda mi vida he estado acostumbrada a vivir con verjas y portones, así que debo aceptar que asegurar la casa es algo que me ha traído mucha paz, especialmente a la hora de dormir, que era cuando me entraban todos los miedos y la ansiedad.


De igual forma aprovechamos para asegurar el apartamento que tenemos en la segunda planta y, que lo nuevo hiciera juego con las verjas que ya teníamos instaladas, que de paso, me las hizo mi papá, sin ser soldador ni haber hecho algo parecido le quedaron perfectas.


Luego, desde hace algunos meses decidimos por fin, meterle mano a la cocina.


Con mucho cariño, agradecimiento y hasta un poquito de dolor, tuvimos que cambiar el mueble de cocina que nos acompañó desde octubre 2017, hasta hoy, cuando nuevamente mi papá con su falta de experiencia, pero todas sus ganas e inteligencia, nos hizo el mueble, tal como lo queríamos en ese momento. Sin embargo para este nuevo cambio, adaptarlo era no imposible, pero si sumamente caro.


Y bueno, en el camino de la remodelación, las sorpresas nunca faltan.


Una vez secado el charco, no quedaba más que continuar con la parte que he descubierto que más odio, romper la pared, pero a veces, para construir, hay que quebrar algo primero.


Al principio pensé que no me iba a afectar tanto desorden, incomodidad, platos sucios y el ruido, sin embargo, con los días, porque fue prácticamente un mes, comencé a sentirme un poco estresada y más que en mi mente, en mi cuerpo y especialmente mi estómago es quien resiente este tipo de cambios.


Adicional a todo esto, también tuvimos que hacer algunos trabajos en el patio, para hacer llegar una tubería hasta la cocina.



Picar pared, trabajos eléctricos, polvo, desorden, no tener donde cocinar, tierra, piso sucio, son cosas normales que me ha tocado vivir siempre desde niña en la casa de mis papás, en todas las remodelaciones que se hicieron, pero es hasta ahora que soy yo la señora de la casa, que el peso de una remodelación con todo lo que implica es cuando realmente se siente.


Cuando en teoría todo estuvo listo, llegaron los nuevos muebles de cocina, que tanto nos llenaban de ilusión y de nervios.


Así que, a pesar de que había más polvo, más ruido y estrés, la ilusión y todas las emociones de una nueva cocina, nos ganaban.


Y hasta que, por fin, quedó lista para usar, mas o menos, porque a la madera se le puso un material que debía secar durante 24 horas y luego pues había que lavar absolutamente todo, para poder empezar a guardar tanto los platos como la parte de la alacena.


El siguiente trabajo fue, hacer un techo en el cuarto de pilas, aunque bueno, realmente el cuarto de pilas era solo la pila y el piso a cielo abierto, así que esta otra parte de la remodelación, o más bien construirlo desde cero, también nos llenaba de mucha ilusión.


Pensando a futuro hicimos una prevista para poder hacer un tipo de bodega en el cielo raso del techo, no sé en sus países, pero aquí es algo muy común guardar cosas, como el arbolito de navidad, en ese espacio que hay entre el techo y el cielo raso. Sin embargo, este trabajo quedó a la mitad y aún debemos terminarlo.


Pero pensando justamente en esto, le dimos a este nuevo techo, mucha más altura y debo decir que en temporada de lluvias por lo menos me permite tender un poquito de ropa y dejarla ahí hasta que se seque.


Aún falta acomodar y limpiar este espacio, sacar la lavadora y hacer un poquito de orden, pero primero debemos limpiar el cemento porque de tanta lluvia agarra como moho y eso hay que quitarlo, entre otras cosas, para que quede como cuarto de pilas de Pinterest.



Y bueno, como les conté antes, con un poco de dolor en el corazón, tuvimos que literalmente cortar el mueble de cocina que había hecho mi papá, aunque el plan inicial era conservarlo y utilizarlo luego en un proyecto que tenemos a futuro, en el presente no tenemos dónde guardarlo, así que lo que decidimos hacer fue reutilizarlo.


Al fin y al cabo el tubo se corta y se puede volver a soldar y a la madera es más fácil encontrarle otro uso.


Así que, con el tubo cortado, hicimos la última parte de las remodelaciones, que cada vez que veo al cielo, siento tan bonito y pienso que tuvieron que pasar 4 años para ver este pequeño pero tan útil techo.


Sí, es un poco raro que diga que me costó 4 años tener este techo tan necesario, porque ustedes no saben, pero cada vez que llovía el agua literal entraba a la puerta de mi casa y la sombrilla de playa la usaba más en la ciudad que en cualquier otro lado.


Pero bueno, es que no nos decidíamos y tampoco habíamos buscado a la persona correcta para este trabajo. Y al final lo hicimos junto con un montón de cositas más.


Porque ya que estábamos con trabajos, decidimos hacer, cambiar y reforzar otras partes de la casa que aunque sean pequeñas, requieren de la mano de un experto en la materia y por dicha la persona con la que trabajamos esta vez, nos dejó muy contentos con su trabajo.


Así que bueno, este pedacito de historia, donde la casa es la protagonista de la novela, me llena de mucha felicidad, porque una vez más me demuestra que, aunque tenerlo todo de un solo podría ser más divertido, tener las cosas poco a poco y con esfuerzo, se disfrutan más.


Además cada vez que le hacemos algo a la casita, nuestro corazón brinca de alegría y felicidad porque al final es fruto del esfuerzo, pero sobre todo de nuestro amor que tiene todas las ganas de seguir adelante.


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Gracias por leerme y nos hablamos pronto.


Un abrazo.


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