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¡Esto NO lo puedo PERDONAR!

Al igual que descubrí que el amor es una decisión, aprendí que perdonar también lo es.


Creo que todos hemos pensando en algún momento que “esa persona” no merece mi perdón y es cierto ¡no se lo merece!


Entonces, ¿por qué perdonar?


En la vida siempre nos vamos a topar con alguien que nos haga sentir mal en la escuela, en el colegio, en la universidad, en el trabajo y a veces hasta en la misma familia, es algo de nunca acabar.


Incluso a veces pasa o por lo menos a mí me ha pasado que me siento mal por algo que alguien me hace y esa persona ni siquiera sabe que me está haciendo sentir mal, aún así me molesta o me duele y empiezo a cargarme de sentimientos negativos.


Y en el caso de las mujeres lamentablemente siempre hay otra mujer que nos hace sentir mal, ya sea que nos hace sentir tontas, nerds, feas, gordas, muy flacas, muy altas, muy bajitas, muy lacias, muy colochas, siempre habrá alguien que nos haga la existencia un poquito más difícil, incluso a veces hasta el novio nos quieren robar, con lo difícil que es conseguirse uno.


Pero fuera de que las mujeres nos hagamos sentir mal unas a otras, los hombres también nos hacen cosas súper dolorosas e hirientes. Y el resto de las personas que no son mujeres malvadas u hombres que nos rompen el corazón, también nos causan todo tipo de sentimientos feos como rencor, ira, enojo, odio, tristeza, venganza, depresión y un montón de cosas más.


Entonces, esa persona o esa lista de personas que de una u otra forma nos han lastimado tanto o hecho algo realmente terrible, no merecen ser perdonados.


Pero es ahí, después de guardar resentimiento, rencor, odio y una acidez estomacal revuelta con ganas de vomitar, aprendí que perdonar es una decisión, porque aunque, esas personas no se merezcan mi perdón, yo si merezco tener paz, yo si merezco tranquilidad, dejar todo en el pasado, quitarme ese peso de encima, dejar de chinear los resentimientos, las heridas, las lágrimas, los enojos y todas las malas palabras destinadas a esas personas.


¡Yo me lo merezco!


Es por mí, que tengo que perdonar, porque cuando decido hacerlo puedo soltar todo ese peso, todo eso tan feo que guardo en el alma, dejarlo ir y no cargarlo más.


No es fácil, no es rápido y tampoco es mágico, pero si es necesario.


No importa lo que nos hayan hecho, no importa cuanto dolor nos causaron, lo que realmente importa es que yo merezco ser libre, merezco tener paz, merezco sentirme tranquila, merezco no sentir nada la próxima vez que vuelva a ver a esa persona.


De nada sirve andar cargando sentimientos feos que lo único que hacen es amargarnos por dentro y en algunos casos hasta podrirnos el alma, el corazón, el cerebro y todo el cuerpo.


Tal vez han escuchado que “PERDONAR ES OLVIDAR” y nada más equivocado que esa frase. Los seres humanos no olvidamos, no programamos que cosas olvidar y que cosas recordar y menos podemos olvidar con facilidad algo que marco nuestras vidas con dolor u odio. Así que no, perdonar no es olvidar. Pero perdonar es no volver a sacar los trapitos sucios en todas las discusiones, es no volver a reclamar siempre lo mismo, perdonar es no carbonearme yo sola, perdonar es desviar el pensamiento cuando ese sentimiento o ese recuerdo lleguen a nuestra cabeza.


Perdonar es tener paz conmigo misma y dejar de cargar cruces que no me corresponden.


Y ya dije que no es fácil, pero tampoco es imposible si de verdad lo intentamos, no por la otra persona si no por uno mismo.


Un ejercicio que hice por primera vez hace 2 años fue hacer una lista de personas que me habían lastimado en alguna forma, en cierto modo me sorprendí de ver que en mi lista habían familiares, amigas, compañeros, ex algo e incluso hasta mi pareja actual.


El ejercicio consistía en hacer la lista y uno por uno en voz alta decir – Yo perdono a fulanito o fulatina de tal por que me hizo esto y esto –


No fue fácil, no fue lindo y no fue mágico. Incluso el ejercicio en su momento hasta un poco tonto lo sentí, pero conforme iba diciendo los nombres y las cosas que me habían hecho, los sentimientos iban aflorando y como que iba soltando esas cosas que llevaba por dentro y que nadie más que yo sabía.


Debo decir que el ejercicio funciono y no quiero decir que se me olvido lo que me hicieron o como me hicieron sentir, pero si quiero decir que yo logre soltar ese peso y ya no me estorba más.


Obvio, me he dado cuenta que con algunas personas necesito repetir el proceso, porque con solo que me las mencionen yo siento algo feo y con otras personas más cercanas y a las que amamos a veces es más difícil perdonar cuando nos hieren tanto y tan seguido. Pero de nuevo tengo que decir que aunque esa persona no se lo merezca y una y otra vez me siga haciendo daño, yo si merezco tener paz y entregarle eso a Dios cuando mis fuerzas humanas o mis sentimientos negativos son más grandes de lo que puedo manejar.


Y si se preguntan ¿quién soy yo para andar perdonando gente? Pues no soy nadie especial, pero soy la dueña de mis sentimientos y de mis emociones y no quiero andar cargando dolores, rencores, resentimientos, ira, odio y todas esas cosas tan feas a veces puedo llegar a sentir.


Yo me merezco ser feliz y perdonar por mí, no por ellos.








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