En época de coronavirus me gana la angustia ¿Solo yo me siento así?

Sábado 4 de abril de 2020, son las 7:46 a.m. y recién estoy despertando. Aunque intente dormir más, mi cerebro se activa y no deja de pensar y pensar.


Ayer era un día triste o más bien un día raro para todos los costarricenses, pensé que por primera vez todo el país estaría en su casa a las 5:00 p.m. en un estilo de toque de queda, que más que un castigo nos recordaría a todos que obedecer es la única salida o la única medida para contener un poco esta situación de contagio.


Pero no, como buen tico, la gente esperó a último momento para ir a su casa y hubieron presas en las calles, algo que desde hace días no veía. Incluso yo quedé atrapada en una presa de mi trabajo a mi casa, donde hay una distancia de un kilómetro y medio y llegué a las 5:05 p.m.


Mi familia y yo decidimos sentarnos en el pequeño balcón de la segunda planta e intentamos escuchar como poco a poco el sonido del silencio se iba apoderando de las calles. Aunque este sonido tardó en llegar, cerca de las 6:20 p.m. apenas lográbamos distinguir el sonido de los buses y los camiones que hacían retumbar las paredes de nuestro hogar.


Son días raros y complicados a los que se está enfrentando la humanidad, nosotros de este lado del charco podemos ver el ejemplo y aprender lo bueno y lo malo antes de que sea demasiado tarde. Aún así muchos no hemos dejado de salir y para muchos la verdadera cuarentena empieza desde el día de hoy.


Supongo que en parte es irresponsable y otros nos pueden tachar de poco solidarios o despreocupados por la salud de todos. Pero este es un país donde si nos detenemos no tenemos que comer o cómo pagar el lugar donde vivimos, entre otras cosas, y también es un país donde otros, mientras el sistema lo permita, intentamos arañar la economía con las últimas fuerzas que nos quedan para salvar nuestros negocios de un cierre total.


Al menos yo lo veo complicado y he sido parte de ese grupo de gente que sale todos los días a trabajar, a intentar vender lo que queda para liquidar, mantenerse o sobrevivir.


Mi trabajo se ha visto 100% fracturado con esta situación, pareciera que lo hemos perdido casi todo y eso como ser humano que soy no deja de llenarme de angustia y de unas ganas de llorar, que en algunas ocasiones me ha sido imposible frenar.


Un dolor en el alma producto de la impotencia humana.


Aún así lo realmente importante, que es la salud, el techo y la comida, gracias a Dios siguen intactos, nada de eso he perdido yo, ni los míos. Y es cierto que a eso debemos aferrarnos, eso es lo que verdaderamente debemos valorar, pero en esta humanidad débil y asustadiza mi corazón se llena de angustia y temor.


El ser humano no tiene la capacidad de enfrentarse solo a este tipo de situaciones, de manejar tanta información de todas partes del mundo, tantas noticias malas e intentar salir adelante en sus propias fuerzas sin sentirse desesperado.


Desde enero comencé un plan de lectura diario para leer la Biblia en un año, y el 16 de marzo empezando a sentir los efectos del coronavirus en mi vida, leí un versículo que me sé de memoria desde niña, pero que aún así mi mente no había recurrido a el para aferrarse y soportar lo que se venía.


Es un fragmento de este libro amado y respetado por muchos pero odiado y debatido por otros, pero ese pequeño fragmento dice: - mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas – y esas pocas pero muy poderosas palabras han sido mi refugio y mi salvavidas en estos días donde siento que mi corazón no puede más.


Han sido esas palabras donde mi alma ha buscado fuerzas para resistir, tal vez porque de alguna manera mi corazón no quiere sentir culpa de no haberlo intentado y no quiere reclamarse así mismo haberse rendido.


Sin embargo el jueves escuche una oración transmitida en línea por el pastor de mi iglesia y él dijo unas palabras que calaron en mí como un vaso de agua fresca, unas palabras que vinieron a completar la idea de ese fragmento de la Biblia que me he estado repitiendo día tras día.


Estas palabras fueron: Esfuérzate y sé valiente, es un tiempo de tomar valentía, no en tus fuerzas si no en las fuerzas del Señor.


Definitivamente escuchar esto fue un rebobinar en mi mente, un cambio de chip o una nueva adaptación de una misma historia. Ahí encontré una respuesta diferente y un nuevo pensamiento se adueñó de mi ser.


Por lo que entre la fe, el esfuerzo y la calma, no nos queda otra que resistir, ser obedientes a las autoridades, cuidarnos a nosotros mismos y al resto de las personas. Y aunque las noticias no sean alentadoras, juntos y apoyándonos unos a otros volveremos a levantarnos.


Así que, aunque nos cueste, seamos valientes y sigamos esforzándonos aunque eso implique entregar todos nuestros miedos y rendirnos ante la situación de la cual no tenemos control y en la que no hay estrategia de marketing que nos salve a todos por igual.


Confiar en Dios es la única opción y la única respuesta que puede calmar nuestro ser. Decirlo es fácil, aplicarlo realmente a nuestra vida no tanto, pero en esta crisis esforcémonos para lograrlo.

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