3 Mujeres valientes con una historia que contar

Todos sabemos que en las crisis el ser humano siempre se reinventa y de una u otra forma sale adelante, sin embargo cuando esa crisis llega a nuestras vidas y nos ataca directamente muchas veces antes de reinventarnos y avanzar, algunos caemos, aunque sea por un día, en la desesperación y la angustia de un mejor mañana.


Es de humanos hacer un alto, respirar y tomar fuerzas para una vez más levantarse y seguir al pie del cañón. A algunos nos puede tomar más tiempo que a otros, pero todos en algún momento lo hacemos.


Adicional a esto muchas mujeres hemos crecido con mensajes de empoderamiento femenino que nos impulsan a creer que podemos hacer todo lo que queramos, sin embargo a veces convertir esos mensajes en acciones no es tarea fácil.



Aún así, supongo que la gran mayoría de nosotras ha visto, conocido o es una mujer valiente y guerrera que se ha enfrentado a muchas circunstancias en su vida, que la han golpeado pero que al mismo tiempo la hicieron madurar y forjar las herramientas en su interior para sacar pecho y volver a la batalla.


Las mujeres somos capaces de todo y no nos para nada ni nadie.

Es por eso que hoy quiero compartirles un pedacito de la historia de 3 mujeres que últimamente me tienen con la boca abierta por su esfuerzo y empeño para salir adelante. Y escribiré sus nombres reales porque siento que merecen que se les aplauda y reconozca todo lo que hacen por ellas mismas y por sus familias.


En enero de este año conocí a Silvia, ella es una mujer que ronda los 50 años, con un rostro amable y una sonrisa sincera; se casó joven y se dedicó a ser madre de cuatro hijos, a los cuales educó y amo para convertirlos en personas adultas de bien.


Sin embargo hace algunos años después de pasar situaciones complicadas y difíciles, la vida la sorprendió convirtiéndola en socia y dueña de su propia cafetería, un lugar al que primeramente fue a pedir trabajo como cocinera y salonera, pero como si el destino la premiara por los años dedicados a su familia, esa cafetería terminó siendo suya y ahora aunque sigue cocinando recetas deliciosas, de los tres socios, ella es la única mujer.


En esta cuarentena Silvia se convirtió en un ejemplo de fortaleza de lo que yo quería ser, ya que no hubo un solo día que ella no se levantara y se alistara para ir trabajar a su negocio.


Con clientes o sin ellos la cafetería no ha dejado de abrir durante toda la cuarentena, hubieron días malos pero también otros buenos, donde las ventas no llegaban a las metas pero algo se vendía y el simple hecho de regresar a casa sabiendo que el día produjo aunque sea el mínimo, genera una satisfacción interna que a los emprendedores nos produce placer.


Como a todos, al hablar con ella se notaba la preocupación, pero nunca dejó de ser positiva y ya sea que en las mañanas le faltaran las fuerzas o en las noches la angustia no la dejara dormir, todos los días luchó y se aferró para sacar adelante ese lugar. Un lugar que más que un ingreso económico, representa una herramienta de independencia y desarrollo personal.


Un sueño hecho realidad que probablemente en su vida nunca vio posible, pero que hoy día junto a su socio y sus dos empleados sigue trabajando arduamente para sacar adelante.


Silvia todos los días va y viene de su casa al trabajo, un lugar que más que alimentarle el cuerpo le alimenta el alma.


Lasagna cocinada por Silvia

Y a mí, me encantar verla de aquí para allá, sirviendo comida, recogiendo platos, cocinando postres o haciendo lasagna, y estoy segura que muchos prueban su cuchara y regresan no solo por el sabor, sino por el trato amable y la sonrisa sincera que ella brinda a todos sus clientes.


Este mismo año conocí a Adriay, sin embargo recientemente comenzamos a conversar más y a intercambiar historias de vida.


Adriay es una mujer venezolana con poco tiempo viviendo en el país, ingeniera mecánica que trabajaba en una empresa estable y por aparte había emprendido un negocio junto a su familia. Esposa y madre dedicada, pero profesional y pulseadora desde joven.


Sin embargo viviendo en un país que sufre una situación complicada, vino a Costa Rica buscando un mejor futuro y junto a su esposo y su hermana Rora, entró al país como empresaria inversionista, valiente y dispuesta a invertir no solo en un negocio, sino en un mejor futuro para sus propia vida y la de su hijo pequeño.



Adriay es una mujer que dejó el apoyo de su familia y decidió emigrar para encontrar más y mejores oportunidades, investigó durante un año entero nuestro país para considerarlo una opción viable de desarrollo, sin embargo en sus propias palabras siente que no fue suficiente, ya que una cosa es la información que se encuentra en internet y otra muy diferente vivir la realidad de la burocracia, costo de vida y trámites legales.


Emigrar a un nuevo mundo nunca debe ser fácil, dejar las comodidades físicas y emocionales que brindan el hogar, la familia y la tierrita propia, por una aventura llena de trabajo, sacrificios, sustos y en algunas ocasiones hasta lágrimas, es una tarea difícil, pero no imposible.


Tal vez las circunstancias complicadas, el cambio de rutina, el cansancio y la lucha constante por sacar adelante su negocio, su vida y su familia, puedan parecer un panorama poco alentador y es probable que el arrepentimiento pase por su cabeza de vez en cuando, sin embargo espero que ella pueda verse por un momento con los ojos que yo la veo, porque es una mujer hermosa, fuerte y digna de admirar por su valentía y determinación para salir adelante.


Una mujer que junto a su esposo, tuvo el valor para decidir tomar a su hijo y una maleta para cambiar de país, cambiar de vida y cambiarlo todo. Adriay es un reflejo de la fortaleza interna que tiene una mujer para mantenerse de pie aún cuando las cosas no parecen ir tan bien, es un rostro amable y hermoso pero fuerte en medio de una situación compleja.



Ella es el ejemplo de una mujer resistente y firme, que divide su tiempo entre las labores del hogar, que son de nunca acabar, cuidar a su hijo y administrar su negocio junto a su esposo y Rora su hermana. Juntos ellos tres, son el eslabón que forma una cadena de trabajo y valentía que se fortalece día con día.


Adriay es una mujer incansable que a pesar de enfrentar la crisis de su país natal, la migración y el coronavirus, las veo caminar con garbo y gentileza pero sobre todo con mucha fortaleza interna.


Silvia, Adriay, Rora y yo competimos cada una por los mismos clientes que llegan a la plaza de comidas donde todas tenemos nuestro propio negocio, sin embargo no hay día en que nos alegremos de ver como los diferentes platillos empiezan a llenar las mesas del lugar y las ventas empiezan a calentar para todas.


Y en último lugar pero no por eso menos importante, quiero honrar a la mujer que en los últimos años se ha convertido en una de mis mejores amigas. Una mujer que en esta época de crisis se ha sacado un cien y se ha reinventado como profesional y como persona.


Dayana es la mujer que el coronavirus sacó a la fuerza de su zona de confort, pero al mismo tiempo le dio las herramientas y la oportunidad que tanto anhelaba su corazón para buscar el camino hacia la independencia.


Mujer, esposa, madre y médico, que más que sanar las heridas físicas se dedica a aliviar dolores del alma con la vocación y empatía con la que atiende a cada uno de sus pacientes. Una mujer que sabe escuchar, entender y traducir las dudas médicas en respuestas comprensibles y positivas, aún cuando en su profesión muchas veces sea portadora de malas noticias.



Ella, una mujer que como muchas otras fue víctima de los rebajos de salarios y recorte de jornadas labores, pero como pocas, el susto le duró unas horas y al día siguiente después de recibir el comunicado de que su salario sería rebajado a la mitad, ya estaba en las calles, haciendo consulta a domicilio, visitando pacientes, inyectando, recetando y curando.


Ella ha utilizado su celular como herramienta de trabajo, documentando con videos y fotografías los lugares que visita, convirtiendo en un consultorio privado cada hogar que le abre las puertas esperando alivio y tranquilidad después de su visita como doctora.


Dayana es una mujer que como ella misma dice, tiene muchas facetas, pero es una mujer a la que no había visto brillar como ahora.


Se mueve, investiga, aprende, se mantiene actualizada en el área de la medicina y hasta está aprendiendo sobre mercadeo y publicidad. Realiza consultas a domicilio pero también atiende en su nuevo consultorio procedimientos más complejos que necesitan privacidad y donde puede manejar adecuadas técnicas de asepsia y antisepsia.



Dayana la médico ha potencializado su profesión a un nivel que no sabía le traería a su vida tanta felicidad, pero con el coronavirus Dayana la mujer, la madre y la esposa ha redescubierto como muchos otros, que el tiempo que se comparte con la familia no tiene precio y ha podido aprovechar ese tiempo disfrutando de la compañía de los dos hombres que más ama, su esposo y su hijo.


Ella es una mujer que en tiempos de crisis ha demostrado ser osada y valiente al evidenciar resistencia ante la adversidad, y por eso merece mi respeto y admiración.


Silvia, Adriay y Dayana, son mujeres que representan el valor y la fortaleza que todas llevamos dentro, mujeres con historias y caminos distintos, pero cada una con una gran lección que enseñar y compartir.


Ninguna le ha tenido miedo al coronavirus, ni la cuarentena ha logrado encerrarlas, ninguna ha dejado de salir todos los días desde que esto inició y no por irresponsables ni mucho menos, si no por el compromiso que todas tienen con sus trabajos y con ellas mismas.


Hoy con susto escribo sobre una historia que no es la mía, pero con mucho respeto cuento la de estas mujeres, para que de ellas tomemos fuerzas y valor según nos corresponda a cada una. Porque a veces es más fácil reconocer el mérito ajeno que la fortaleza propia.






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Gracias por leerme y nos hablamos pronto.


Chaoooo


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Créditos: fotos www.freepick.com



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